El eco de mi voz es un viaje hacia el interior, en donde, a cada paso que damos, nos encontramos con piezas rotas de nuestro ser que, al recogerlas, nos llevan a cuestionarnos cómo cayeron y cómo podríamos unirlas de nuevo.
Deseamos respuestas y le gritamos al viento, suplicamos al sol que uno de sus rayos nos enjugue el llanto y a la luna que sea nuestro faro en la noche oscura, pero ninguno responde.
El viaje continúa. El cuerpo se agota. Se acaban los gritos y llega el silencio. Entonces, las piezas se unen, el ser toma forma: ya no tiene pies; le han brotado alas y emprende su vuelo.
Escuchó su voz.